Yunomi de cerámica Oribe por Kawachi Hidetoshi con relieves aplicados
Vendido: ya no disponible
Esta obra fue hecha a mano y era una pieza única. No se puede volver a pedir y no existirá una segunda vez en esta forma. La página permanece en línea como parte de nuestro archivo.
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Detalles de la pieza vendida
- Altura 11 cm
- Anchura 9 cm
- Peso 340 g
- Caja de madera Sí
- Color Blanco, Rosa, Verde
- Estilo / Tradición Cerámica Oribe
- Material Cerámica
- Obra única Sí
- Tipo de artículo Yunomi
- Época de creación Shôwa (1926–1989)
Descripción del artículo
Este yunomi de Kawachi Hidetoshi capta el lado a la vez enérgico y poético de la cerámica Oribe contemporánea de Seto. Nacido en 1960, el artista se ha ganado un lugar firme en el panorama cerámico japonés gracias a su interpretación original de técnicas tradicionales. Tras formarse con Kato Shuntei y Shimada Koichi, desarrolló un estilo inconfundible que contrasta deliberadamente la serena y clásica estética Oribe con un movimiento dinámico. Experimenta con esmaltes que, mediante el uso deliberado de elementos Shino feldespáticos, generan inesperados tonos rosados y blancos, un efecto que surgió de una feliz casualidad y que desde entonces se ha convertido en su sello distintivo.
La pieza se presenta como una forma alta y cilíndrica, con una superficie marcadamente reliefada que recuerda a una estructura arbórea. Profundos regueros de esmalte verde fluyen como musgo u hojas sobre la textura rugosa y hecha a mano, interrumpidos por delicadas vetas rosas y blancas que brillan en suaves contrastes. Estos vívidos degradados de color y las grietas irregulares, casi orgánicas, del esmalte confieren a la pieza una profundidad natural, casi paisajística. Según la luz y el ángulo de visión se revelan nuevos matices, lo que convierte su contemplación en una pequeña aventura.
Como obra única hecha a mano de un maestro consagrado, este yunomi se entrega en una caja de madera firmada, lo que subraya su aprecio entre conocedores. Resulta ideal para el disfrute cotidiano del té, donde la textura al tacto y la presencia visual enriquecen el ritual. La combinación de aspereza terrosa y sutil poesía cromática lo convierte en un objeto que se vuelve cada vez más personal con el tiempo, tendiendo un puente entre la antigua tradición y la expresividad moderna.