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Información útil

La era Shōwa – De la guerra al milagro económico

La era imperial más larga de la historia moderna: la era Shōwa (1926–1989) llevó a Japón a través de la guerra, la reconstrucción y el milagro económico.
Kakemono Honshi pájaro y flores de ciruelo, era Shōwa
En pocas palabras
El período Shōwa (1926–1989), bajo el emperador Hirohito, es la época más larga de la historia moderna de Japón y se divide en un Shōwa temprano (1926–1945), marcado por el militarismo y la Segunda Guerra Mundial, y un Shōwa tardío (1945–1989), marcado por el milagro económico japonés y la reorganización democrática. En la posguerra surgió el movimiento Mingei para la valoración del arte popular tradicional, y el Estado introdujo el sistema Ningen Kokuhō («Tesoros Nacionales Vivientes») para distinguir a artesanos destacados, lo que contribuyó de manera decisiva a la preservación de las técnicas tradicionales de la cerámica.

Ninguna otra época de la historia moderna de Japón fue tan larga y a la vez tan contradictoria como la era Shōwa. Dentro del reinado de un único emperador, Japón atravesó una transformación radical: desde el afán de expansión militar y una devastadora derrota bélica, pasando por una profunda reordenación democrática, hasta uno de los ascensos económicos más notables de la historia mundial. Para la artesanía japonesa, esta época significó tanto crisis que amenazaron su existencia como una notable ola de redescubrimiento y valoración de las técnicas tradicionales.

El reinado más largo de la historia de Japón

La era Shōwa duró desde 1926 hasta 1989 y es, por tanto, medida por el reinado de un solo emperador, la época más larga de la historia moderna de Japón. Denominada según el nombre de reinado del emperador Hirohito, que significa «paz ilustrada», este periodo abarcó dos fases históricas radicalmente distintas, que se suelen diferenciar como Shōwa temprana y Shōwa tardía, separadas por la profunda cesura de la Segunda Guerra Mundial.

Comienzos de la era Shōwa: militarismo y guerra

Las dos primeras décadas de la era Shōwa estuvieron marcadas por una evolución cada vez más nacionalista y militarista, que finalmente desembocó en la participación de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Este período supuso una ruptura dramática con la precedente era Taishō, políticamente más liberal, y representó también para el arte y la artesanía una época de considerables restricciones: los recursos se movilizaron cada vez más para la economía de guerra, y numerosos talleres artesanales tradicionales, entre ellos numerosos talleres de cerámica, tuvieron que reducir drásticamente su producción o interrumpirla por completo.

Época Shōwa tardía: reconstrucción y milagro económico

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Japón experimentó una profunda transformación social y política: el emperador perdió su estatus de gobernante venerado como divinidad, y Japón se convirtió, bajo una nueva constitución, en una monarquía constitucional con un orden democrático fundamental. En las décadas siguientes tuvo lugar el llamado milagro económico japonés, una fase de crecimiento económico extraordinariamente rápido que llevó a Japón, hasta la década de 1980, a convertirse en una de las naciones industriales líderes del mundo. Este período es considerado hasta hoy por muchos japoneses como la era cultural más definitoria del Japón moderno y se contempla a menudo con una mirada nostálgica; sus huellas se encuentran todavía hoy en la arquitectura, los productos cotidianos y la cultura popular del país.

Juegos Olímpicos y Shinkansen: símbolos del nuevo Japón

Un signo especialmente visible del milagro económico japonés fue la organización de los Juegos Olímpicos de Verano de 1964 en Tokio, unida a la inauguración del Shinkansen, el primer ferrocarril de alta velocidad del mundo. Estos acontecimientos marcaron simbólicamente el regreso completo de Japón al escenario internacional, apenas dos décadas después de la devastadora derrota en la guerra. También el arte tradicional y la artesanía se beneficiaron de este nuevo interés internacional: las exposiciones de cerámica y pintura japonesas en Europa y Estados Unidos encontraron un público cada vez más entusiasta, y muchos talleres tradicionales lograron alcanzar una nueva estabilidad económica gracias al creciente comercio internacional. Este reacercamiento a la comunidad mundial tras los años de aislamiento y guerra sentó al mismo tiempo las bases del reconocimiento internacional del arte artesanal japonés, que perdura hasta hoy.

El renacimiento de la artesanía tradicional

Precisamente en la posguerra de la era Shōwa, la artesanía tradicional japonesa vivió un renacimiento notable. Como reacción a la creciente industrialización y a la amenaza de pérdida de técnicas artesanales históricas, surgió el movimiento Mingei, dedicado a la valoración del arte popular anónimo y funcional. Al mismo tiempo, el Estado japonés estableció con el sistema Ningen Kokuhō, los «Tesoros Nacionales Vivientes», un reconocimiento oficial para los portadores de técnicas culturales inmateriales de especial relevancia, una distinción que recayó en numerosos maestros del arte cerámico, por ejemplo en las tradiciones de Bizen, Shino o Hagi, y que contribuyó decisivamente a preservar para las generaciones futuras un saber de siglos de antigüedad. También técnicas que se creían perdidas, como el esmalte Shino, reconstruido por el ceramista Arakawa Toyōzō, o el arte de cocción Hidasuki del maestro de Bizen Kaneshige Tōyō, fueron redescubiertas y desarrolladas sistemáticamente en esta época. Hasta dónde llegó este impulso lo muestra una visita al Metropolitan Museum of Art: allí se exhibe una máscara de gres de Bizen sin esmaltar, creada por Isamu Noguchi en 1952, junto a un cuenco de té Oni-Hagi de Miwa Kyūsetsu XI de los años 1988/89, ambos adscritos a la era Shōwa (1926–1989).

El arte entre la tradición y la sociedad de consumo

El vertiginoso desarrollo económico de la última etapa de la era Shōwa transformó también de manera profunda la relación con el arte tradicional y la artesanía: el creciente bienestar permitió a una capa más amplia de la población acceder a cerámica, pintura y caligrafía de alta calidad, que anteriormente solían estar reservadas a coleccionistas adinerados. Al mismo tiempo, el auge de la producción en serie llevó a una distinción más clara entre la mercancía fabricada industrialmente y la auténtica artesanía hecha a mano, una distinción que hasta hoy marca la valoración de la cerámica japonesa tradicional. Que la época también dio lugar a nuevos formatos lo demuestra un shikishi enmarcado del maestro de ikebana Teshigahara Sōfū (1900–1979) en el Metropolitan Museum of Art.

Un legado lleno de contrastes

La era Shōwa sigue siendo así una época llena de contrastes: marcada tanto por las catástrofes de la guerra como por el auge económico sin precedentes de las décadas de posguerra, tanto por la destrucción de las estructuras tradicionales como por su deliberado renacimiento. Para el arte y la artesanía japoneses, esta larga época supuso finalmente ambas cosas a la vez: una crisis existencial y, al mismo tiempo, los impulsos decisivos para el aprecio de la artesanía tradicional que perdura hasta hoy.

Yanagi Sōetsu y la filosofía del movimiento Mingei

Una figura central del resurgimiento de la artesanía tradicional en la era Shōwa fue el filósofo del arte Yanagi Sōetsu, quien en las décadas de 1920 y 1930, junto con alfareros como Hamada Shōji, fundó el movimiento Mingei. Yanagi defendía la convicción de que la verdadera belleza no residía en obras maestras elaboradamente firmadas por artistas célebres, sino en objetos cotidianos sencillos y funcionales, elaborados por artesanos anónimos siguiendo una tradición centenaria. Esta filosofía representaba una contrapropuesta deliberada a la creciente industrialización y producción en masa, e influyó de manera decisiva en la forma en que la cerámica tradicional japonesa se percibe y valora hasta hoy: no como un mero objeto de colección, sino como un objeto que despliega su verdadera belleza en el uso cotidiano.

El movimiento Mingei tuvo repercusión mucho más allá de Japón: el alfarero británico Bernard Leach, que colaboró estrechamente con Yanagi y Hamada, llevó los ideales del movimiento a Occidente e influyó allí de manera determinante en el movimiento de la cerámica de estudio del siglo XX, un ejemplo notable de cómo el pensamiento artesanal japonés se difundió internacionalmente precisamente en una fase de la era Shōwa política y económicamente difícil.

En densho.art encontrará cerámica japonesa hecha a mano de talleres cuyas técnicas sobrevivieron a las transformaciones de la era Shōwa y que, en parte, encontraron su forma actual precisamente en esta época. Descubra en nuestra selección de arte japonés este resistente patrimonio cultural. Así, en esta larga época se refleja toda la amplitud de la historia moderna japonesa. Quien quiera comprender la era Shōwa debe, por tanto, tener siempre presentes ambos rostros de esta época a la vez. Pocas épocas muestran con tanta claridad lo estrechamente que pueden estar entrelazadas la destrucción y la renovación cultural. Esta ambivalencia convierte a la era Shōwa en uno de los capítulos más instructivos, aunque no siempre más sencillos, de la historia moderna japonesa. Esta doble experiencia de destrucción y reconstrucción permanece hasta hoy profundamente arraigada en la memoria colectiva de Japón y marca la forma de relacionarse con el patrimonio cultural. Quien desee comprar cerámica japonesa encontrará en nuestra selección talleres cuya historia refleja directamente esta época.

Fuentes y bibliografía

The Metropolitan Museum of Art: Work (Mask), Isamu Noguchi, n.º de inventario 2021.401, metmuseum.org.

The Metropolitan Museum of Art: Oni (Devil) Hagi Teabowl, Miwa Kyūsetsu XI, n.º de inventario 2015.508, metmuseum.org.

The Metropolitan Museum of Art: White Clouds, Teshigahara Sōfū, n.º de inventario 2021.398.38, metmuseum.org.

Penelope Mason, revisado por Donald Dinwiddie: History of Japanese Art. 2.ª edición. Pearson Prentice Hall, Upper Saddle River 2005.

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