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Información útil

La era Taishō – Un breve interludio moderno

Solo catorce años, pero decisivos: la era Taishō (1912–1926) trajo consigo la democratización, nuevos roles para la mujer y una estética artística propia.
Bodhidharma Daruma kakemono honshi, era Taishō
En pocas palabras
El período Taishō (1912–1926) fue una breve época de la historia japonesa entre la era Meiji y la era Shōwa, llamado así por el emperador Taishō, de salud precaria, bajo cuyo reinado el parlamento ganó influencia (democracia Taishō). El período estuvo marcado por la prosperidad económica tras la Primera Guerra Mundial, una creciente cultura urbana y un nuevo papel social de la mujer. En el arte y el diseño surgió el llamado romanticismo Taishō, una fusión del lenguaje visual tradicional japonés con el modernismo europeo y el art déco.

Entre la turbulenta modernización de la era Meiji y el dramático vaivén de la era Shōwa se sitúa un período comparativamente corto y a menudo pasado por alto de la historia japonesa: la era Taishō. Duró tan solo catorce años, pero en ese breve lapso se produjo un notable cambio cultural, hacia una mayor libertad ciudadana, una modernidad urbana y una nueva visibilidad de la mujer en la vida social. Para el arte y el diseño, la era Taishō marca un estilo propio e inconfundible entre la estética tradicional y la incipiente modernidad occidental.

Un nuevo emperador, un nuevo nombre

El periodo Taishō duró de 1912 a 1926 y comenzó con la muerte del emperador Meiji y la subida al trono de su hijo, quien adoptó el nombre de reinado Taishō, que significa algo así como «gran rectitud». A diferencia de su padre, que había impulsado personalmente la espectacular modernización de Japón, el emperador Taishō sufría graves limitaciones de salud y en la práctica apenas ejerció influencia política. Este desplazamiento del poder desde la casa imperial hacia el parlamento, la Dieta Imperial, marcó de manera decisiva la cultura política de la época y se conoce comúnmente como «democracia Taishō»: una fase de apertura democrática creciente tras las estructuras más autoritarias del periodo Meiji.

La democracia Taishō

Especialmente después de la Primera Guerra Mundial, Japón vivió durante el periodo Taishō una fase de relativa prosperidad económica y liberalización política. El parlamento fue ganando cada vez más influencia frente a la casa imperial, los partidos políticos cobraron mayor protagonismo, y los debates sobre el derecho al voto y las reformas sociales marcaron la discusión pública. Este desarrollo, denominado democracia Taishō, no continuaría de forma ininterrumpida durante el posterior periodo Shōwa, pero marca un paso importante, a menudo subestimado, en la evolución política del Japón moderno.

Cambio social: mujeres, moda, vida urbana

Un rasgo especialmente característico del periodo Taishō fue el cambio visible en el papel de las mujeres en la sociedad japonesa. Las mujeres asumieron cada vez más responsabilidad en las decisiones del hogar y adquirieron un poder adquisitivo propio hasta entonces desconocido, un desarrollo que se reflejó claramente en la publicidad de la época, así como en el rápido cambio de la moda tradicional del kimono hacia la vestimenta de inspiración occidental. Al mismo tiempo, una creciente cultura urbana marcó la fisonomía de grandes metrópolis como Tokio y Ōsaka: cafés, grandes almacenes, arquitectura moderna y una incipiente cultura popular transformaron la vida cotidiana de manera cada vez más perceptible. Que las formas tradicionales siguieran existiendo junto a ello lo demuestra un obi de boda en el Metropolitan Museum of Art, que la institución data en el periodo Meiji o Taishō: seda en ligamento tafetán con motivo de hilos de trama de seda y oro.

La estética Taishō en el arte y el diseño

Este ambiente social de apertura encontró su expresión inmediata en una estética artística propia, que hasta hoy se denomina «Taishō-Roman» o romanticismo Taishō: una fusión del lenguaje visual tradicional japonés con influencias del art nouveau europeo y el art déco. Esta corriente estilística se manifiesta por igual en ilustraciones, gráfica publicitaria, estampados textiles y diseño editorial de aquella época, y se caracteriza por una combinación, novedosa para Japón, de un lenguaje visual delicado, a menudo melancólico, con elementos modernos de inspiración geométrica. También en la pintura tradicional y en el arte de la cerámica prosiguió el cauteloso acercamiento a las influencias occidentales que ya se había iniciado en la era Meiji, sin que por ello se abandonaran las tradiciones artesanales fundamentales. El Metropolitan Museum of Art conserva de estos años, por ejemplo, un grabado en madera de Kawase Hasui (1883–1957) del año 1925 —fechado como «Taishō 14»— perteneciente a la serie «Veinte vistas de Tokio», así como una caja de escritorio con forma de sección de bambú en laca negra uniforme.

Un final abrupto

La era Taishō terminó en 1926 con la muerte del emperador y la subida al trono de su hijo Hirohito, quien adoptó el nombre de gobierno Shōwa. La liberalización política y el auge cultural de la era Taishō cederían, en las décadas siguientes de la primera era Shōwa, ante un desarrollo cada vez más nacionalista y autoritario, un contraste que hace que el período Taishō, comparativamente breve, aparezca a menudo en retrospectiva como una fase intermedia especialmente libre y abierta a la experimentación.

El legado de la era Taishō

Aunque la era Taishō, con apenas catorce años, se cuenta entre las épocas más breves de la historia moderna de Japón, dejó un legado cultural notablemente propio. La característica fusión de la estética tradicional japonesa con la modernidad occidental que surgió en esta época influyó en generaciones posteriores de artistas y diseñadores, y hasta hoy se aprecia como un estilo propio e inconfundible: un capítulo breve pero intenso entre dos épocas de la historia japonesa claramente más largas y trascendentales.

El Gran Terremoto de Kantō

Un acontecimiento decisivo del periodo Taishō fue el Gran Terremoto de Kantō de 1923, que devastó gran parte de Tokio y Yokohama y se cobró varios cientos de miles de vidas humanas. La posterior reconstrucción de la capital marcó de forma duradera el desarrollo urbanístico de Tokio y aceleró al mismo tiempo la modernización, ya en curso, de la infraestructura urbana. Para el panorama del arte tradicional, esta catástrofe supuso además una pérdida dolorosa: numerosas colecciones de arte, talleres y edificios históricos fueron víctimas del terremoto y de los incendios posteriores, lo que reforzó aún más en los años siguientes la conciencia en el trato con el patrimonio cultural sobreviviente. Esta experiencia de pérdida y reconstrucción dentro de una época ya de por sí breve marcó de forma duradera la conciencia colectiva sobre la fugacidad de los bienes culturales e influyó indirectamente también en la posterior y creciente valoración de la artesanía tradicional en el siglo XX.

La era Taishō en el contexto internacional

La era Taishō coincidió con la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias inmediatas, un conflicto en el que Japón participó del lado de las potencias de la Entente, pero que, a diferencia de lo ocurrido en Europa, no provocó combates directos en suelo japonés. Esta relativa distancia respecto a los acontecimientos bélicos permitió a Japón beneficiarse considerablemente, desde el punto de vista económico, del aumento de la demanda internacional de bienes industriales, mientras que al mismo tiempo nuevas corrientes culturales procedentes de Europa y de los Estados Unidos llegaban al país sin obstáculos. Esta combinación de auge económico y apertura cultural explica en gran medida por qué la era Taishō, a pesar de su brevedad, pudo dejar una huella cultural tan propia.

También la artesanía tradicional se benefició de esta fase de prosperidad: el creciente poder adquisitivo de la burguesía permitió a un sector más amplio de compradores acceder a cerámica y pintura de alta calidad, mientras que al mismo tiempo nuevas formas y decoraciones, a menudo influidas por la estética occidental, encontraban cabida en los talleres tradicionales; un cambio cauteloso, pero claramente perceptible, que enriqueció de manera duradera el panorama del arte tradicional japonés sin desplazar sus principios artesanales fundamentales.

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Fuentes y bibliografía

The Metropolitan Museum of Art: The Temple Zōjōji in Shiba, de la serie Twenty Views of Tokyo, Kawase Hasui, n.º de inventario 1997.255, metmuseum.org.

The Metropolitan Museum of Art: Writing Box (Suzuribako) in the Shape of a Piece of Bamboo, n.º de inventario 1982.244.2a–e, metmuseum.org.

The Metropolitan Museum of Art: Wedding obi (sash), n.º de inventario 1980.53, metmuseum.org.

Penelope Mason, revisado por Donald Dinwiddie: History of Japanese Art. 2.ª edición. Pearson Prentice Hall, Upper Saddle River 2005.

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