La era Meiji – Cuando Japón se abrió al mundo
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Pocas épocas de la historia japonesa marcan una ruptura tan abrupta como la era Meiji. En pocas décadas, un reino feudal que había permanecido en gran medida aislado durante siglos se transformó en una nación industrial moderna que actuaba de igual a igual con las grandes potencias occidentales. Para el arte y la artesanía japoneses, esta época supuso un cambio ambivalente: por un lado, muchas técnicas tradicionales se vieron sometidas a presión económica; por otro, el mundo fuera de Japón descubrió la estética japonesa en una medida hasta entonces desconocida.
De la Restauración a la potencia mundial
La era Meiji duró de 1868 a 1912 y comenzó con la llamada Restauración Meiji, en cuyo transcurso el emperador recuperó, tras siglos de impotencia efectiva, el poder de gobierno real, y con la que finalizó el sogunato Tokugawa de la era Edo. El emperador Mutsuhito adoptó el nombre de reinado Meiji, que significa algo así como «gobierno ilustrado». En las décadas siguientes, Japón llevó a cabo una campaña sistemática, dirigida por el Estado, para adoptar y adaptar el conocimiento occidental en tecnología, derecho, ciencia y arte. A finales del siglo XIX, Japón se había convertido en la nación más poderosa de Asia, lo que se manifestó, entre otras cosas, en éxitos militares como la Guerra Sino-Japonesa (1894–1895) y la Guerra Ruso-Japonesa (1904–1905).
La ruptura con el aislamiento
El impulso externo decisivo para este cambio radical fue la apertura forzada de Japón por parte de los EE. UU. en el año 1853, que marcó el fin de la política Sakoku, vigente durante siglos en el periodo Edo. En pocas décadas, Japón adoptó estructuras administrativas occidentales, un sistema jurídico moderno, una economía industrial, así como un sistema educativo de corte occidental, un ritmo de modernización sin parangón en la historia mundial. Esta rápida apertura afectó a casi todos los ámbitos de la sociedad, desde la vestimenta pasando por la arquitectura hasta las bellas artes. Incluso el sistema educativo fue reformado a fondo: un sistema escolar de cobertura nacional, organizado según el modelo occidental, generó en pocas décadas una de las tasas de alfabetización más altas del mundo de la época, y creó así la base social para el rápido desarrollo industrial y cultural que caracterizó al periodo Meiji. Esta estrecha relación entre la reforma educativa y el ascenso económico sigue siendo considerada hoy en día por muchos historiadores como una de las explicaciones esenciales de por qué Japón afrontó la modernización de forma mucho más rápida y exitosa que otros países asiáticos de la época.
Nihonga contra yōga: una lucha por la identidad cultural
Precisamente en el arte, la repentina confrontación con las técnicas y formas de expresión pictóricas occidentales condujo a un intenso debate sobre la propia identidad cultural. Los estilos pictóricos, técnicas gráficas y formas arquitectónicas occidentales fueron penetrando cada vez más en Japón, encarnados por la pintura al óleo emergente, llamada yōga. Como reacción consciente a ello surgió el término nihonga, «imagen japonesa», con el que los artistas se remitían explícitamente a la tradición pictórica autóctona, con sus técnicas, pigmentos y soportes tradicionales, posicionándose deliberadamente frente a la pintura occidental importada. Este debate entre nihonga y yōga marcó el mundo del arte japonés durante décadas y muestra de forma ejemplar cómo la era Meiji se equilibró entre la modernización radical y la preservación de la autonomía cultural. Que los temas pictóricos heredados no desaparecieran en absoluto lo demuestra una hoja de álbum con el monte Fuji en el Metropolitan Museum of Art, de Kawanabe Kyōsai (1831–1889), realizada hacia 1887 y atribuida allí a la era Meiji (1868–1912).
Japonismo: cómo Europa descubrió el arte japonés
Con la apertura de Japón llegaron por primera vez a Europa y a los Estados Unidos objetos de arte japonés en gran escala: xilografías ukiyo-e, trabajos de laca, textiles y, sobre todo, cerámica y porcelana. Esta ola desató en Europa un auténtico entusiasmo por la estética japonesa, que pasó a la historia del arte como japonismo e influyó de manera duradera, entre otras cosas, en el impresionismo europeo y en el modernismo (Jugendstil). Para los productores de cerámica japoneses, por ejemplo de Arita o Kutani, esta demanda supuso un enorme auge económico: tras una fase de exportaciones decrecientes en el siglo XVIII, muchos centros de cerámica tradicionales vivieron en la era Meiji un segundo y vigoroso florecimiento exportador.
El artesanado tradicional bajo presión
La rápida industrialización y la creciente disponibilidad de productos occidentales fabricados en serie pusieron simultáneamente en apuros económicos a numerosas técnicas artesanales tradicionales japonesas. Numerosos hornos alfareros pequeños y locales, que anteriormente habían trabajado bajo la protección de un señor feudal, perdieron su respaldo habitual con el fin del régimen feudal y a partir de entonces tuvieron que afirmarse como negocios independientes que operaban según las leyes del mercado; un cambio que afectó directamente, entre otras, a las tradiciones de la cerámica de Hagi o de la cerámica de Karatsu, y que en algunas regiones provocó un notable retroceso de la producción. Al mismo tiempo, de este desafío surgió, en parte ya avanzado el siglo XX, una nueva valoración de las técnicas artesanales tradicionales, que ciertos maestros y movimientos, como el posterior movimiento Mingei, trataron conscientemente de revivir.
Un país en transformación
La era Meiji representa así, de manera ejemplar, un doble carácter cultural que sigue marcando la sociedad japonesa hasta hoy: la capacidad de adaptar la innovación occidental con notable rapidez, sin abandonar por completo la propia identidad cultural. Esta tensión entre tradición y modernidad, entre conservación y renovación, recorre la historia del arte japonés de la era Meiji y sentó al mismo tiempo las bases del reconocimiento internacional del que goza la artesanía japonesa hasta hoy.
Las exposiciones universales como escaparate del arte japonés
Un papel central en la difusión internacional del arte japonés durante la era Meiji lo desempeñaron las grandes exposiciones universales de aquella época, como las de Viena en 1873 o París en 1878 y 1889, en las que Japón presentó por primera vez a gran escala artesanía y cerámica ante un público internacional. Estas exposiciones desataron en Europa y en los Estados Unidos una auténtica pasión coleccionista por la artesanía japonesa y contribuyeron de forma decisiva a la difusión del japonismo. Al mismo tiempo, el gobierno japonés produjo de manera deliberada piezas de gran virtuosismo, a menudo destinadas a la exportación, que debían demostrar la artesanía japonesa en su más alto nivel técnico: una diplomacia cultural consciente que buscaba consolidar el prestigio internacional de Japón como nación culturalmente avanzada. Cómo eran estas piezas de representación puede apreciarse en el Metropolitan Museum of Art: en un par de jarrones imperiales de presentación en esmalte cloisonné de Kawade Shibatarō (1861–1921), de hacia 1906, con ramas de arce y el escudo imperial del crisantemo.
Esta nueva atención internacional también tuvo repercusiones en la propia escena artística japonesa: los jóvenes artistas y artesanos se orientaron cada vez más hacia las expectativas de un mercado internacional, lo que en muchos ámbitos condujo a un perfeccionamiento técnico, pero en otros casos también a una cierta adaptación de las formas tradicionales al gusto occidental, una tensión entre el éxito comercial y la autenticidad cultural que acompañó a la historia del arte japonés hasta bien entrado el siglo XX.
En densho.art encontrará cerámica y pintura japonesas hechas a mano, cuyas tradiciones han sobrevivido a los cambios de la era Meiji. Descubra en nuestra selección de arte japonés cómo un arte artesanal centenario se ha conservado hasta la actualidad. Así, la era Meiji sigue siendo hoy en día una clave para comprender cómo la artesanía japonesa se dio a conocer internacionalmente. Este doble movimiento de apertura y afirmación propia sigue siendo hoy un tema central cuando se habla de la modernidad japonesa. Pocos países han logrado afrontar una transformación social tan profunda en un período de tiempo tan breve como Japón durante esta notable época. Esta experiencia sigue siendo hoy un importante punto de referencia cuando se debate sobre cómo pueden conciliarse de forma significativa tradición y progreso. Quien desee comprar un rollo colgante japonés encontrará en nuestra selección arte que refleja esta cambiante época.
Fuentes y bibliografía
The Metropolitan Museum of Art: Imperial Presentation Vase with Maple Branches and Imperial Chrysanthemum Crest, Kawade Shibatarō, n.º de inventario 1976.320.2, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Mount Fuji, Kawanabe Kyōsai, n.º de inventario 14.76.61.3, metmuseum.org.
Penelope Mason, revisado por Donald Dinwiddie: History of Japanese Art. 2.ª edición. Pearson Prentice Hall, Upper Saddle River 2005.
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