Araki Kanpō (荒木寛畝): pintura de flores y aves del periodo Meiji
Araki Kanpō (荒木寛畝, 1831–1915) fue uno de los representantes más destacados de la kachō-ga, la pintura japonesa de flores y aves, en el siglo XIX. Nació con el nombre de Tanaka Yoshi; su nombre de infancia era Kōzaburō. A los 22 años se convirtió en hijo adoptivo de su maestro Araki Kankai y adoptó su apellido. A través de Kankai, Kanpō se sitúa en la línea de Tani Bunchō, aquella tradición pictórica que había hecho del estudio simultáneo de varias escuelas su programa.
Un rodeo por la pintura occidental
La obra de Kanpō está marcada por una experiencia poco habitual para los pintores japoneses de su generación: se dedicó durante un tiempo con seriedad a la pintura occidental. Lo que allí aprendió sobre observación y corporeidad lo llevó después de vuelta a la técnica tradicional. El resultado es una pintura de flores y aves de colorido denso y cubriente y una pincelada extraordinariamente fina, en la que el plumaje y el pétalo adquieren una materialidad ajena a la kachō-ga más antigua.
Un reconocimiento tardío
El verdadero éxito llegó tarde. En 1890 su pintura de un pavo real fue distinguida con un segundo premio en la Tercera Exposición Nacional de Industria y pasó a formar parte de las colecciones imperiales; Kanpō tenía por entonces ya casi sesenta años. A partir de 1893 enseñó en escuelas femeninas de nivel superior, desde 1898 impartió clases como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Tōkyō, y en 1900 fue nombrado artista de la corte imperial. Entre sus discípulos se cuenta Ikegami Shūho.
Camelia y ave cantora: una imagen de invierno
La camelia florece cuando poco más florece, y se cuenta así entre los pocos motivos florales de los meses fríos. Sus hojas gruesas y brillantes y su flor pesada exigen un color cubriente, precisamente el terreno en el que la técnica de Kanpō despliega su fuerza. Un ave cantora entre las ramas da a la escena su escala y su movimiento. Este tipo de rollos colgantes corresponde a las semanas entre el cambio de año y la floración del ciruelo, en las que el tokonoma suele ser difícil de ambientar.