Budismo zen en el arte japonés – El poder del vacío
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Un único trazo de pincel. Un círculo vacío. Un monje representado con unas pocas líneas vigorosas sobre un fondo desnudo. Lo que a primera vista parece reducción o incluso falta de acabado es, en el arte zen, exactamente lo contrario: una concentración consciente y sumamente disciplinada en lo esencial. Pocas tradiciones espirituales han marcado la estética japonesa de forma tan duradera como el budismo zen, y pocas formas de arte hacen tan directamente perceptibles sus ideales centrales como la pintura y la caligrafía que de él surgieron.
¿Qué es el budismo zen?
El zen (禅) es una corriente japonesa del budismo mahayana que se remonta al chan chino, un término derivado de la palabra sánscrita dhyāna, «meditación». El zen fue adoptado desde China, como la mayoría de las corrientes del budismo japonés, y otorga especial importancia a la práctica de la meditación sentada, llamada zazen. En el centro de la filosofía zen se encuentra la convicción de que el pensamiento egocéntrico obstaculiza la iluminación; mediante la meditación y la liberación consciente de pensamientos superfluos, la mente debe alcanzar la experiencia directa de la realidad, no a través del mero estudio de las escrituras, sino mediante la vivencia inmediata.
De la sala de meditación al taller artístico
La influencia del budismo zen se hizo especialmente notable durante el periodo Muromachi (1333–1573), cuando el centro político de Japón se trasladó a Kioto y los valores zen de disciplina personal, concentración y desarrollo interior se extendieron a la clase samurái gobernante. En los monasterios zen de aquella época, la pintura y la caligrafía se convirtieron en herramientas importantes con las que los maestros zen transmitían sus enseñanzas a los discípulos, a menudo al margen de sermones o textos edificantes, conforme a la convicción zen de que la verdad no puede transmitirse únicamente mediante palabras. De este contexto monástico surgieron varias formas de arte japonesas que siguen siendo fundamentales hasta hoy: la pintura a tinta sumi-e, la caligrafía shodō, la ceremonia del té chadō y los jardines zen concebidos como jardines secos. La colección del Metropolitan Museum of Art muestra hasta qué punto coincidían de forma inmediata la vida monástica y la obra de arte: por ejemplo, un kakemono del monje zen Ōsen Keisan (1429–1493) del periodo Muromachi, cuyo contenido pictórico es un poema escrito de su propia mano.
Sumi-e: pintura con tinta negra
La pintura a tinta sumi-e (también llamada suibokuga) se considera la forma de expresión clásica del arte zen. Con un único pincel, tinta negra y una presión variable sobre la punta del pincel se generan la forma, la textura e incluso la profundidad espacial de un motivo, sin recurrir en absoluto al color. Esta reducción radical al blanco, al negro y a los numerosos tonos de gris intermedios corresponde directamente al ideal zen de la sencillez: menos no solo resulta más convincente desde el punto de vista estético, sino que además acerca más a la esencia de las cosas. Los motivos predilectos de la pintura sumi-e temprana eran las representaciones de Bodhidharma, el legendario fundador del budismo zen, y más adelante, cada vez más, los paisajes, que situaban la contemplación de la naturaleza en el centro. Ambos se encuentran juntos en el Metropolitan Museum of Art: un Bodhidharma en tinta sobre papel de Unkoku Tōgan (1547–1618) y un conjunto de tres kakemono de Unkoku Tōeki (1591–1644) que muestra a un maestro zen entre paisajes.
El enso: el círculo de la iluminación
Ningún símbolo representa de forma tan inmediata la esencia del arte zen como el enso (円相), un círculo trazado con un único y espontáneo trazo de pincel. El enso simboliza la iluminación, el vacío (mu) y el universo como totalidad, y tradicionalmente se traza una sola vez, sin correcciones; el propio movimiento del pincel se convierte así en expresión inmediata del estado interior del pintor en el instante de pintar. Que el círculo se cierre o se deje conscientemente abierto tiene en cada caso un significado propio: un círculo abierto deja espacio para el movimiento, el devenir y lo incompleto, mientras que un círculo cerrado simboliza la perfección.
Bodhidharma: el rostro del zen
Junto con el enso, apenas hay otro motivo del arte zen tan extendido como el retrato de Bodhidharma, el legendario monje indio que, según se dice, llevó el budismo chan a China y que en japonés es conocido como Daruma. Habitualmente se le representa con ojos penetrantes, barba salvaje y peinado indómito, atributos que pretenden expresar su independencia de los vínculos mundanos y la intensidad de su concentración espiritual. A partir de esta iconografía se desarrolló más tarde también la popular muñeca Daruma, un amuleto de la suerte redondeado, sin brazos ni piernas, que al caer se endereza por sí solo, y que simboliza así la perseverancia y la resiliencia. Que el modelo pintado siguió vivo junto a ella lo demuestra un kakemono de Daruma del pintor Totoki Baigai (1749–1804) en el Metropolitan Museum of Art.
Otros símbolos centrales del arte zen
Más allá del enso y Bodhidharma, en la pintura zen se ha consolidado todo un repertorio de motivos pictóricos recurrentes, cada uno de los cuales porta sus propios niveles de significado filosófico. El loto representa el despertar en medio de la turbiedad, ya que la flor crece impoluta desde el agua fangosa. El bambú, flexible pero irrompible y hueco por dentro, se considera un símbolo clásico del espíritu cultivado. El pino simboliza, como planta perennifolia y resistente a la intemperie, la constancia y la integridad interior, mientras que el sencillo cuenco de té, a menudo roto y reparado con oro —emparentado con la técnica de reparación kintsugi—, representa la impermanencia y la belleza de lo imperfecto. Todos estos motivos están estrechamente relacionados con la filosofía del wabi-sabi, que puede entenderse como la contrapartida estética de la práctica meditativa zen.
El espíritu zen en el espacio habitable japonés
El lenguaje visual reducido y concentrado del arte zen puede trasladarse hasta hoy de forma inmediata al propio espacio habitable. Un único kakemono, potente, con un enso o una representación de Bodhidharma, resulta por lo general más convincente que una pared llena de cuadros más pequeños, precisamente en el sentido de la estética zen, que apuesta conscientemente por la reducción en lugar de la acumulación. El espacio libre alrededor de una obra de arte, los materiales naturales como la madera y el papel, así como una paleta de colores contenida, refuerzan además este efecto contemplativo.
Rinzai y Sōtō: dos caminos hacia el mismo fin
Dentro del budismo zen japonés se han establecido históricamente dos escuelas principales, que se diferencian en su forma de abordar la práctica de la meditación y que, por ello, también marcaron de manera diferente el arte vinculado a ellas. La escuela Rinzai, que trabaja intensamente con el uso de kōan —preguntas o acertijos paradójicos destinados a llevar deliberadamente al pensamiento racional hasta sus límites—, influyó de manera decisiva en el lenguaje pictórico más expresivo y vigoroso de muchas pinturas zen, como los enérgicos retratos de Bodhidharma. La escuela Sōtō, en cambio, que pone el énfasis más en la meditación sentada continua y sin objetivo, shikantaza, suele asociarse con una forma de expresión artística más serena y contemplativa. Sin embargo, ambas escuelas comparten la convicción fundamental de que la expresión artística y la práctica meditativa están indisolublemente unidas, un principio que se refleja hasta hoy en la viva tradición del arte zen.
Esta estrecha relación entre escuela de meditación y expresión artística explica también por qué, dentro del arte zen, pudieron desarrollarse a lo largo de los siglos manifestaciones estilísticas tan diferentes —desde la silenciosa contención de un único enso hasta la fuerza dramática de un retrato de Bodhidharma—, aunque ambas procedan en última instancia de la misma raíz espiritual.
En densho.art encontrará kakemono pintados a mano con motivos de la tradición zen: desde Bodhidharma pasando por el enso hasta otros símbolos budistas. Quien desee comprar un kakemono que capture esta práctica meditativa centenaria en tinta y pincelada encontrará lo que busca en nuestra selección de pintura japonesa.
Fuentes y bibliografía
The Metropolitan Museum of Art: Bodhidharma, Unkoku Tōgan, n.º de inventario 2015.300.71, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Chinese Poem on Fishing and Zen, Ōsen Keisan, n.º de inventario 2021.398.11, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Zen Master with Meditation Staff, and Chinese-Style Landscapes, Unkoku Tōeki, n.º de inventario 2015.500.9.51a–c, metmuseum.org.
Helmut Brinker, Hiroshi Kanazawa: Zen. Masters of Meditation in Images and Writings. Artibus Asiae (Supplementum 40), Zúrich 1996.
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