Chawan de Kuro-Raku por Shoraku Sasaki, borde ondulado
- Altura 8 cm
- Anchura 12 cm
- Peso 350 g
- Caja de madera Sí
- Color Negro, Oro
- Estilo / Tradición Cerámica Raku
- Material Cerámica
- Obra única Sí
- Tipo de artículo Chawan
- Época de creación Shôwa (1926–1989)
Descripción del artículo
La profunda y aterciopelada negrura de la cerámica Raku clásica de Kioto irradia en este chawan de Sasaki Shoraku una fuerza serena, casi mística. Sasaki Shoraku, maestro de la tradición Raku de gran arraigo, vinculada desde hace generaciones con la ceremonia del té, crea obras que capturan la esencia del barro hecho a mano y cocido a baja temperatura. Sus piezas se distinguen por una reducción consciente a lo esencial: contrastes entre lo mate y lo brillante, sutiles matices de color dentro del negro y un toque de oro que actúa como estrellas lejanas en la noche, una estética que encarna el wabi-sabi en su forma más pura e invita al espectador a la quietud.
La vasija se presenta en una forma compacta, ligeramente abombada, con un borde irregular y ondulado que, al sostenerlo, ofrece un ajuste natural y ergonómico. La superficie está cubierta por un vidriado denso y de un negro profundo que se despliega en amplias bandas brillantes y que en algunos puntos presenta un brillo metálico. Debajo destellan acentos dorados y de tono bronce, pequeñas manchas y motas distribuidas como al azar que, combinadas con reflejos azulados, generan una profundidad viva. La textura mate y porosa del barro contrasta con las zonas de alto brillo e invita a no solo mirar la pieza, sino, sobre todo, a tocarla y sentirla.
Como obra única hecha a mano de un reconocido maestro Raku, este chawan se entrega en una caja de madera firmada, lo que subraya su procedencia y su valor para los conocedores. Resulta ideal para la preparación de matcha, donde la forma reducida, el peso fresco del barro y la sutil poesía cromática profundizan el ritual y transmiten una particular calma interior. Con cada uso, el objeto adquiere aún más personalidad gracias a una pátina suave y a las huellas del contacto, convirtiéndose en un acompañante silencioso y atemporal de la estética japonesa.