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Artista

Nakajima Kahō

Nakajima Kahō (中島華鳳) fue un pintor de la escuela Maruyama en Kyōto. Estudió con Mori Kansai y recibió su formación caligráfica con Tomioka Tessai.
Kakemono de Nakajima Kahō: un búho posado en una rama, rodeado de gorriones
Búho con gorriones – kakemono de Nakajima Kahō (中島華鳳) (detalle)
En pocas palabras
Nakajima Kahō (中島華鳳) fue un pintor japonés de la escuela Maruyama. Nació en 1866 en Kioto y llevaba el nombre civil de Kenshō. Recibió su formación pictórica con Mori Kansai y la caligráfica con Tomioka Tessai; su actividad está documentada hasta principios de la década de 1920. Su campo de trabajo fue sobre todo el kachō-ga, la pintura de flores y aves, en la que la escuela Maruyama combinaba su observación precisa de la naturaleza con un orden compositivo decorativo.

Nakajima Kahō (中島華鳳): pintor de la tradición Maruyama en Kyōto

Nakajima Kahō (中島華鳳) nació en 1866 en Kyōto y llevaba el nombre civil de Kenshō (憲章). Pertenece a la escuela Maruyama, aquella corriente fundada por Maruyama Ōkyo que en el siglo XVIII introdujo la observación exacta de la naturaleza en la pintura japonesa y que siguió siendo determinante hasta bien entrado el siglo XX. Kahō estuvo activo hasta principios de la década de 1920.

Dos maestros: Mori Kansai y Tomioka Tessai

Kahō recibió su formación pictórica con Mori Kansai, uno de los últimos grandes representantes de la escuela Maruyama en el Kyōto de la era Meiji. La caligrafía la aprendió con Tomioka Tessai, una figura excepcional considerada el último gran pintor literato de Japón, cuyo pincel impetuoso se diferenciaba claramente de la disciplinada manera de pintar Maruyama. Esta doble formación no era inusual entre los pintores de Kyōto de aquellos años: la pintura y la caligrafía se consideraban disciplinas separadas, cada una con sus propios maestros.

El búho y los gorriones

Un búho posado en una rama, rodeado de gorriones: el motivo es habitual en la pintura japonesa desde el siglo XVIII y vive de un contraste que cualquiera comprende de inmediato. El ave grande permanece inmóvil y deja hacer, mientras las pequeñas la rodean en franca agitación. Para el pintor la tarea es doble: el búho exige quietud y masa, los gorriones movimiento y ligereza, y ambos deben surgir con el mismo trazo. La escuela Maruyama, con su observación exacta del plumaje y la postura corporal, estaba especialmente preparada para esta tarea.