Takaku Ryūko (高久隆古): entre la pintura de literatos y el resurgimiento del yamato-e
Takaku Ryūko (高久隆古, 1810–1858) fue un pintor japonés de finales del periodo Edo. Nació en la ciudad-castillo de Oshi, en la provincia de Musashi, en la actual Saitama, y llevaba el nombre civil de Kawakatsu Takatsune. En ocasiones aparece de forma abreviada como Kō Ryūko (高隆古). Murió en 1858, a los 48 años, en Sawara, provincia de Shimōsa, a causa del cólera.
Dos maestros, dos tradiciones: Yoda Chikoku y Ukita Ikkei
Ryūko comenzó su formación en la corriente nanga, la pintura de literatos japonesa, con Yoda Chikoku, un pintor que a su vez procedía de la escuela de Tani Bunchō. Más tarde se trasladó a Kioto, donde se unió a Ukita Ikkei, representante del fukko-yamato-e (復古大和絵派). Este movimiento pretendía renovar desde las fuentes la pintura cortesana clásica de los periodos Heian y Kamakura, en lugar de transmitirla a través de la tradición de la escuela Tosa.
De la unión de ambas formaciones surgió el estilo propio de Ryūko: el tratamiento de la tinta y la composición del nanga, junto con el colorido cubriente, el trazo lineal y el carácter narrativo del yamato-e. Esta combinación es inusual: ambas corrientes se consideraban opuestas en el periodo Edo.
La sucesión de Takaku Aigai
El pintor nanga Takaku Aigai, uno de los cuatro discípulos destacados de Tani Bunchō, murió de forma repentina y sin herederos. Por recomendación de Kikuchi Tanga, Ryūko asumió su sucesión y adoptó a partir de entonces el apellido Takaku. Con ello se sitúa en una línea directa de la escuela Bunchō, aunque él mismo nunca estudió con Bunchō: la transmisión se produjo a través de Chikoku como maestro y de Aigai como apellido.
Garza y peonía: el inicio del verano
La peonía florece en el quinto mes y se considera, en la tradición pictórica del este asiático, el «rey de las flores»: pesada, densamente doble, de corta duración. Junto a ella, la garza, con su plumaje blanco y liso, actúa como contrapunto, y es precisamente ese contraste el que sostiene la imagen. En la versión de Ryūko se añade que el color solo se aplica en unos pocos puntos: el pétalo, el pico, el ojo. El resto permanece entintado y contenido, un procedimiento propio de la pintura de literatos que preserva el motivo de lo decorativo.