La era Edo – 250 años de paz y el esplendor de la artesanía japonesa
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Durante doscientos cincuenta años, Japón se aisló casi por completo del mundo exterior, y precisamente en ese aislamiento vivió uno de los períodos culturalmente más fecundos de su historia. El período Edo es la época en la que se formó gran parte de lo que hoy se considera «típicamente japonés» en todo el mundo: la ceremonia del té en su forma actual, el grabado en madera Ukiyo-e, numerosas tradiciones cerámicas que perduran hasta hoy y una rica cultura urbana que se desarrolló lejos de la corte imperial, en las florecientes metrópolis de Edo y Ōsaka.
Un shogunato garantiza la paz
El periodo Edo, también llamado periodo Tokugawa, duró de 1603 a 1868 y estuvo dominado por el shogunato Tokugawa, que gobernó Japón durante más de 250 años. Tras la victoria en la batalla de Sekigahara en el año 1600, Tokugawa Ieyasu asumió el poder de gobierno en 1603 y trasladó la sede política de gobierno de Kioto a la pujante ciudad de Edo, la actual Tokio, mientras el emperador residía formalmente en Kioto, pero sin poder político real. Este gobierno de la familia Tokugawa, que se prolongó a lo largo de más de 15 generaciones, trajo a Japón un largo periodo de paz interior, que sin embargo fue acompañado de un estricto control político y un orden social rigurosamente jerárquico que dividía a la población en guerreros (samuráis), campesinos, artesanos y comerciantes.
Sakoku: la politica del aislamiento nacional
A partir de 1624, el shogunato restringio drasticamente el contacto con el exterior, una politica que se conocio como Sakoku. Nagasaki siguio siendo, durante gran parte del periodo Edo, el unico puerto a traves del cual se realizaba un comercio internacional limitado, sobre todo con los Paises Bajos y China. Este aislamiento deliberado servia al shogunato para mantener alejada de Japon la influencia colonial y religiosa extranjera -en particular el cristianismo- y para estabilizar su propio dominio. Sin embargo, precisamente este aislamiento favorecio el desarrollo de una cultura japonesa extraordinariamente propia e inconfundible, que pudo evolucionar durante siglos sin grandes influencias externas.
El florecimiento de la cultura artesanal y burguesa
Edo y Ōsaka crecieron durante este período hasta convertirse en los centros económicos y culturales de Japón, y una clase urbana de comerciantes y artesanos cada vez más próspera ganó una influencia cultural creciente pese a su posición social formalmente baja. Las artes se fueron desligando progresivamente de temas puramente aristocráticos y religiosos y se volcaron cada vez más hacia escenas de la vida cotidiana urbana, un cambio cultural que se manifestó, entre otras cosas, en el florecimiento de los barrios de placer, del teatro kabuki y del arte del grabado en madera ukiyo-e, que plasmó en colores luminosos la vibrante «vida del mundo flotante». El Metropolitan Museum of Art de Nueva York data la estampa más célebre de este género, «La gran ola» de Hokusai, hacia 1830-1832 y la sitúa en el período Edo (1615–1868).
Cerámica y artesanía en el periodo Edo
Para el arte cerámico japonés, el periodo Edo fue una fase de enorme innovación y difusión. Tradiciones como el Hagi-yaki, el Kutani-yaki o la porcelana de Arita, cuyo descubrimiento en 1616 se sitúa justo en los primeros años del periodo Edo, vivieron en esta época su formación decisiva y, en parte, su primer apogeo internacional a través del puerto de exportación de Imari. Al mismo tiempo, bajo la influencia de la ceremonia del té, se consolidó una rica red de hornos alfareros locales, a menudo promovidos por el respectivo señor feudal, cuyas producciones —desde el sencillo cuenco de té Bizen hasta el plato Imari, elaboradamente pintado— siguen marcando hasta hoy la diversidad de la tradición cerámica japonesa. La amplitud de este espectro se aprecia ya en un solo ejemplo del Metropolitan Museum of Art: un plato Ishizara de principios del siglo XIX, catalogado por la institución como cerámica de Seto con marrón hierro y azul cobalto bajo cubierta transparente.
Arte y cultura cotidiana
Además de la cerámica, numerosas otras formas de arte experimentaron también avances decisivos durante la era Edo: la caligrafía shodō, la pintura a tinta sumi-e, así como nuevas escuelas de pintura de marcado carácter decorativo, como la escuela Rinpa, que representaba motivos florales y paisajísticos sobre un fondo dorado resplandeciente. También la ceremonia del té japonesa, tal como había sido configurada de manera decisiva en el siglo XVI por Sen no Rikyū, encontró en la era Edo su amplio arraigo social, ya no solo como ritual exclusivo de la clase gobernante, sino cada vez más también como práctica cultural de los burgueses acomodados.
El fin de la era Edo
El aislamiento secular de Japón terminó abruptamente cuando en 1853 el comodoro estadounidense Matthew Perry apareció con su flota frente a Japón y forzó la apertura del país al comercio internacional. Las tensiones internas resultantes de este cambio de rumbo forzado condujeron finalmente al colapso del sogunato Tokugawa y al restablecimiento del poder político efectivo del emperador en 1868, un acontecimiento que pasó a la historia como la Restauración Meiji y que puso fin a la era Edo.
El legado del periodo Edo
Pocas épocas han marcado de forma tan duradera la imagen cultural de Japón tal como se percibe hasta hoy como el periodo Edo. Muchas de las tradiciones cerámicas, escuelas de pintura y técnicas artesanales que surgieron en este periodo o que en él encontraron su forma definitiva se siguen transmitiendo hasta hoy en su artesanía original: un legado directo y vivo de una época que, a pesar del aislamiento político, se convirtió en uno de los periodos más creativos de la historia del arte japonés.
Los cuatro estamentos de la sociedad Edo
La sociedad del periodo Edo estaba oficialmente dividida en cuatro estamentos estrictamente diferenciados entre sí, conocidos como Shi-nō-kō-shō: en la cúspide se situaban los samuráis, seguidos de los campesinos, quienes gozaban de gran consideración social como productores de alimentos, después los artesanos y, finalmente, en el escalón formalmente más bajo, los comerciantes. Sin embargo, este orden jerárquico correspondía cada vez menos a la realidad económica: precisamente los comerciantes acomodados y los maestros artesanos fueron ganando, a lo largo del periodo Edo, una influencia cultural y económica considerable, aunque su estatus social formal permaneciera bajo. Esta tensión entre la jerarquía formal y el peso económico real contribuyó decisivamente al surgimiento de una cultura ciudadana propia y con conciencia de sí misma, que fue haciéndose oír cada vez más en la literatura, el teatro y las artes plásticas. Esta llamada cultura Chōnin, denominada así por los habitantes urbanos de Edo y Ōsaka, dio origen a géneros literarios propios, a una floreciente industria editorial, así como a nuevas formas de arte de entretenimiento, que iban mucho más allá de los tradicionales temas cortesanos y religiosos de los siglos precedentes. Hasta hoy, numerosos historiadores consideran esta época como el verdadero comienzo de una cultura artística y de consumo japonesa amplia, ya no reservada exclusivamente a la élite.
Dentro de este orden social, los artesanos de arte ocupaban una posición particular: los alfareros, maestros lacadores y calígrafos, aunque formalmente adscritos al estamento artesano, gozaban con frecuencia de un elevado prestigio personal y, en algunos casos, mantenían contacto directo con los señores feudales locales, quienes situaban muchos talleres importantes bajo su protección personal como los llamados Goyōgama, hornos oficiales proveedores de la corte; un sistema que, por ejemplo, favoreció directamente el surgimiento de la cerámica de Hagi bajo el señor feudal Mōri Terumoto.
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Fuentes y bibliografía
The Metropolitan Museum of Art: Under the Wave off Kanagawa (Kanagawa oki nami ura), n.º de inv. JP2569, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Ishizara with Stylized Human Face, n.º de inv. 1975.268.604, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Hotei, Ogata Kōrin, n.º de inv. 2015.300.89, metmuseum.org.
Penelope Mason, revisado por Donald Dinwiddie: History of Japanese Art. 2.ª edición. Pearson Prentice Hall, Upper Saddle River 2005.
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