Fujii Kaidō
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Fujii Kaidō (藤井誡堂): 515.º abad del Daitoku-ji
Fujii Kaidō (藤井誡堂, 1898–1984) fue un monje zen japonés de la escuela Rinzai y calígrafo. Su nombre dharma completo era Kaidō Sōsei; Fujii es el apellido. Ejerció como 515.º abad del Daitoku-ji en Kyōto y fue abad del subtemplo Sangen-in, fundado en el siglo XVI por varios señores de la guerra.
La sucesión de abades como sistema de ordenación
El Daitoku-ji lleva la cuenta de sus abades de forma ininterrumpida, y ese número aparece con regularidad en la firma. Para Kaidō, el puesto 515 es el determinante, un dato que en las descripciones se reproduce a veces de forma distinta. Pocos puestos antes que él se encuentra Ueda Gizan como 510.º abad, y entre ambos, entre otros, Tachibana Daiki. Quien coloca varios bokuseki de este entorno uno junto a otro puede ordenarlos de manera más fiable a través de esta numeración que a través del nombre civil, que a menudo ni siquiera aparece en los rollos colgantes.
El Daitoku-ji y la cultura del té
Ningún otro monasterio está tan estrechamente ligado al té japonés como el Daitoku-ji. Desde que Sen no Rikyū frecuentara el lugar en el siglo XVI, sus abades son los autores naturales de esas rollos colgantes que cuelgan en el tokonoma de la sala de té. Un bokuseki de esta casa no es, por tanto, una obra de arte en el sentido occidental, sino un objeto de uso con pretensión religiosa, escrito para una reunión determinada y un pensamiento determinado.
Un trazo y su efecto
La caligrafía zen no busca la belleza de la escritura. Debe recoger el estado del que escribe en el instante mismo de escribir, por lo que quedan excluidas las correcciones y lo que cuenta es el trazo: la presión, el ritmo, el desgarro de la línea al final de un trazo. Quien busca un rollo colgante de este tipo para la sala de té presta atención, además del texto, al formato: los estrechos ichigyō-mono, de una sola línea, se integran mejor en un nicho pequeño. Junto a la escritura pura está la zenga, el escueto dibujo a tinta con inscripción. Su motivo más frecuente es Daruma, el legendario fundador del zen, unos pocos trazos para el manto y el rostro, hechos con el mismo pincel y la misma actitud que una línea de escritura.