La era Heisei – Entre la burbuja estallada y una silenciosa reflexión
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Pocas épocas de la historia japonesa reciente están tan estrechamente ligadas al vaivén de las expectativas económicas como la era Heisei. Comenzó con el punto álgido de una de las burbujas especulativas más espectaculares de la historia económica y desembocó en décadas de estancamiento económico que en Japón se conocen hasta hoy simplemente como «las décadas perdidas». Y sin embargo, precisamente esta época fue para el arte tradicional japonés y la artesanía una fase de notable reflexión: un retorno a la permanencia, al oficio y a la calidad silenciosa en un tiempo de incertidumbre económica.
La paz como programa
La era Heisei duró de 1989 a 2019 y comenzó con la muerte del emperador Hirohito y la subida al trono de su hijo Akihito, quien adoptó el nombre de reinado Heisei, un término que puede traducirse aproximadamente como «paz en todas partes» o «logro de la paz». El nombre reflejaba el deseo de una época estable y pacífica, que debía distanciarse deliberadamente de las experiencias bélicas de los primeros años de la era Shōwa.
Del auge a la estancación
Los primeros años de la era Heisei coincidieron con el punto álgido de la llamada «burbuja económica» («Bubble Economy»), una burbuja especulativa extraordinaria en los mercados inmobiliario y bursátil que colapsó a principios de la década de 1990 y sumió a Japón en una prolongada fase de estancamiento económico. Las décadas siguientes, a menudo denominadas «décadas perdidas», estuvieron marcadas por un crecimiento económico débil, tendencias deflacionarias y, además, se vieron agravadas por la crisis financiera mundial de la década de 2000. Al mismo tiempo, Japón vivió en esta época avances tecnológicos vertiginosos, especialmente en el ámbito de la robótica y la electrónica, que contribuyeron de manera decisiva a la imagen internacional del país.
Catástrofes como prueba
La era Heisei estuvo además marcada por varias graves catástrofes naturales que calaron hondo en la conciencia colectiva de Japón: el devastador Gran Terremoto de Hanshin en Kōbe en 1995, así como en 2011 el terremoto de Tōhoku y el posterior tsunami, que desencadenó la catástrofe nuclear de Fukushima. Estos acontecimientos no solo marcaron profundamente a la sociedad japonesa, sino que también provocaron una reflexión social más intensa sobre la impermanencia, la vulnerabilidad y la reconstrucción, temas que muestran una notable cercanía con la filosofía wabi-sabi, centenaria, que entiende la impermanencia como parte integral de la belleza.
Artesanía tradicional en tiempos de incertidumbre
Precisamente en tiempos de incertidumbre económica, la artesanía tradicional japonesa cobró de nuevo importancia para muchos japoneses durante la era Heisei, como contrapunto a los productos de consumo masivo de vida corta y como expresión de permanencia y fiabilidad artesanal. Los centros ceramistas tradicionales como Bizen, Hagi o Shigaraki, cuyas técnicas se remontan en parte a la época preindustrial, se beneficiaron de una creciente valoración tanto internacional como nacional de los objetos auténticos y hechos a mano. También el movimiento Mingei, fundado en el siglo XX, así como el sistema de los «Tesoros Nacionales Vivientes», recibieron una atención pública cada vez mayor durante la era Heisei, a medida que la artesanía tradicional se entendía y promovía cada vez más como patrimonio cultural. El Metropolitan Museum of Art muestra con qué naturalidad la cerámica japonesa contemporánea entró en esta época en las grandes colecciones: un jarrón cilíndrico de porcelana Seihakuji con esmalte azul claro de Fukami Sueharu (n. 1947) y un cuenco de té negro de Tsujimura Shirō (n. 1947) del año 2002, ambos atribuidos a la era Heisei (1989–2019).
Globalización de la estética japonesa
Paralelamente al estancamiento económico interno, la cultura japonesa experimentó en la era Heisei un notable auge internacional: el manga, el anime, pero también conceptos tradicionales como el wabi-sabi, el kintsugi o el ikebana encontraron un público creciente en todo el mundo y contribuyeron a una nueva valoración global de la estética japonesa. Esta apertura internacional también repercutió en el comercio de arte tradicional japonés y cerámica, que encontró cada vez más coleccionistas y aficionados fuera de Japón, en particular en Europa y Estados Unidos. También las antiguas tradiciones de horno fueron releídas en este proceso: la colección del Metropolitan Museum of Art incluye una caja de dos niveles con esmalte Oribe de Suzuki Gorō (n. 1941), de alrededor de 1997.
El fin de una era
La era Heisei terminó en 2019 con la abdicación del emperador Akihito, un paso históricamente extraordinario, ya que los emperadores japoneses tradicionalmente permanecen en el cargo hasta su muerte. Con la entronización de su hijo Naruhito comenzó la era Reiwa, que continúa hasta hoy. La era Heisei deja así la imagen de una época que, pese a los desafíos económicos y las graves catástrofes, produjo una notable continuidad cultural y una renovada apreciación por la artesanía tradicional.
Una generación entre lo analógico y lo digital
La era Heisei coincidió además con el vertiginoso auge de la tecnología digital, que transformó la vida cotidiana de los japoneses de forma tan profunda como las turbulencias económicas de aquellas décadas. Desde el primer teléfono móvil de uso extendido hasta el acceso a internet en prácticamente todos los hogares, la sociedad japonesa vivió, dentro de una sola era imperial, un cambio tecnológico cuya velocidad es comparable a la modernización de la era Meiji, aunque bajo circunstancias económicas completamente distintas. Esta simultaneidad de progreso tecnológico y estancamiento económico dio forma a un clima social peculiar, en el que el entusiasmo por la innovación y un anhelo creciente de estabilidad y tradición se equilibraban de manera notable.
Precisamente esta ambivalencia explica por qué la artesanía tradicional japonesa desarrolló, durante la era Heisei, un atractivo nuevo y a menudo inesperado para muchos japoneses más jóvenes: como contrapunto consciente a un mundo cotidiano cada vez más digitalizado y efímero, en el que los objetos hechos a mano con una larga historia representaban un punto de calma cada vez más escaso y, por ello mismo, más valioso. Este anhelo de estabilidad marca, hasta hoy y también más allá del final oficial de la era Heisei, la relación de muchos japoneses con la artesanía tradicional.
Un nombre como programa
La elección del nombre Heisei tuvo, desde el principio, un sentido programático: a diferencia de la primera época Shōwa, marcada por la guerra, debía representar expresamente una era de paz tanto interior como exterior. En efecto, Japón se mantuvo durante todo el período Heisei al margen de cualquier participación militar directa en conflictos, una circunstancia históricamente notable para un país cuya época anterior había estado tan profundamente marcada por la guerra. Al mismo tiempo, el papel internacional de Japón se transformó de manera fundamental durante este período: de ser una nación dominante principalmente en el terreno económico durante la última fase de la época Shōwa, pasó a ser un país cuyas exportaciones culturales -desde la cultura pop hasta la artesanía tradicional- fueron configurando cada vez más la imagen internacional de Japón.
Para los coleccionistas y amantes del arte japonés tradicional, la época Heisei trajo además una notable apertura del mercado internacional: la conexión digital y el envío global permitieron por primera vez a un amplio público comprador internacional acceder directamente a la cerámica y la pintura japonesas hechas a mano, sin tener que recorrer el arduo camino de los anticuarios especializados, un desarrollo que continúa hasta hoy y que ha facilitado considerablemente el intercambio internacional con la artesanía japonesa.
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Fuentes y bibliografía
The Metropolitan Museum of Art: Cylindrical Vase, Fukami Sueharu, n.º de inv. 2015.300.278, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Black tea bowl, Tsujimura Shirō, n.º de inv. 2003.485.5, metmuseum.org.
The Metropolitan Museum of Art: Two-tiered box with Oribe glaze, Suzuki Gorō, n.º de inv. 2015.442.1a–c, metmuseum.org.
Penelope Mason, revisado por Donald Dinwiddie: History of Japanese Art. 2.ª edición. Pearson Prentice Hall, Upper Saddle River 2005.
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